TALLER IZAGUIRRE BANFIELD

Del Taller a la Muestra”
Desde el trabajo en el taller, el éxito de las propuestas se evalúa por superar las dificultades a través del error. Evolucionando en no excluir el reconocimiento de la sólida formación estética. Picasso dice “No dibujo lo que veo, sino lo que pienso”, también Miguel Angel dice “Se pinta con el cerebro y no con las manos”. Es que si me permiten; dibujar es representar en líneas algo que hemos pensado. La capacidad de dibujar tiene por medida la capacidad de pensar. Es un proceso cerebral. Tener o no tener mano, son expresiones equivocadas. Una manera de dibujar implica una manera de pensar. Cada artista hará notar las cosas que considere esenciales. Nace de una necesidad particular que determinará el carácter del mismo. Porque la poética enaltece pero de por sí, no constituye la solución. Se trabaja con lo que se sabe, siempre algo que no se sabe, no hay fin alguno, son todos procesos de aprendizaje.
Tres pilares sustentan la vida del Taller:
* Manejo de la teoría y del lenguaje artístico
* La práctica
* Debate y análisis críticos de las propuestas
A su vez, al estudiante se lo considera un artista. Siempre desde su obra con la vigilia de la duda, interrogante sobre un mundo que lo rodea , sobre si mismo y sobre su obra. Su inconformidad no responde a intereses creados, sino a transformar la realidad (no cambiarla) para donde su existir le sea posible. La obra pintada para uno mismo finalmente esta destinada a la humanidad.
Fernando Izaguirre

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NOVEDADES EN ARTE

 

GRUPO BOEDO

                         

Hace ya varios años José Luis Mangieri me presentó a Ariel Mlynarzewicz. Lo recuerdo bien. Fue un mediodía de sol en la casa que Cauli tiene en Floresta. De ese encuentro nació, entre otras cosas, nuestra amistad, una colaboración en común (dos libros de poesía míos con dos tapas hermosas ilustradas por él) y la sorpresa de que ambos pertenecíamos al barrio de Boedo. Es decir, al Boedismo Zen. ¿Qué es el Boedismo Zen? me han preguntado ya muchas veces diferentes interlocutores. Yo contestaría, como dice el Tao, que el Boedismo Zen que se puede nombrar no es el Boedismo Zen. Pero Ariel y yo sabemos de qué se trata cuando, tomando mate en su estudio, pasamos revista a nuestras vidas y nuestras obsesiones.
Ahora Ariel Mlynarzewicz creó un taller que cobija a muchos pintores en el barrio de Boedo. Un grupo de Boedo que no se sustenta en la diferencia con otros barrios u otras estéticas. Nuestro pensamiento occidental, tan caro a las dicotomías absurdas (Florida versus Boedo, Menotti versus Bilardo, etc) no logra captar en esencia lo que significa dedicarse al “trabajo” y que nada más importe. Es decir, la necesidad de volverse invisible y desaparecer en la pintura o el texto que se nos impone.
De ahí que me imagino un barrio sano, como lo es un corazón sano. Con todas sus arterias abiertas para que pase la sangre nueva y vuelva, purificada, la vieja. Un barrio donde se produzcan cruces de estéticas, de historias y de pensamientos. Donde la diversidad sea el lugar sagrado. Un barrio formado por todos, influido por todos. Un lugar donde se pueda entrar y salir siendo uno y muchas personas. Un camino de corazón, donde todos pintemos nuestra obra maestra.